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NO SE CRÍAN HIJOS PARA VERLOS MORIR

Rosabetty Muñoz


                                                             Cuando el mar se llevó a sus tres hijos Ella
                                                             estaba acodada en la puerta de su casa, pensando 
                                                             en ollas aladas y repletas. De pronto cayó en 
                                                             un vacío del que surgió vieja y encorvada. No 
                                                             necesitó entrar para vestirse de negro. Ya estaba 
                                                             recogiendo flores cuando salió su hombre con la 
                                                             radio en la mano, desamparado y tembloroso.


Ella es una sábana flotando sobre nosotros.
Nada detiene el remolino que alienta su vuelo.
Desde su vientre deshabitado
los ovarios violeta se abren como flores nocturnas.
La ansiedad es un arrecife
donde acerados corales hieren los cuerpos amados.

Sin hijos bajo sus ojos
quisiéramos las madres
ofrecerle un trozo de pañal
para vendar sus muñones o un arca
donde recoger los salados restos.

YOU DON’T RAISE CHILDREN TO WATCH THEM DIE

Claudia Nuñez de Ibieta


                                                             When the sea took away her three sons She 
                                                             was leaning in the doorway of her home, thinking 
                                                             of winged and brimming pots. Suddenly she fell into
                                                             an abyss, from which she emerged old and hunched. She didn’t 
                                                             need to go inside to be dressed in black. She was already 
                                                             gathering flowers when her husband came outside with the 
                                                             radio in his hand, helpless and trembling.
 
She is a sheet floating above us.
Nothing restrains the whirlwind that keeps her aloft.
From her deserted womb
violet ovaries unfurl like night-blooming flowers.
Anxiety is a reef
where sharpened corals wound beloved bodies.

Without children in her sight
we mothers would like
to offer her a piece of diaper cloth
to bandage her stumps or an ark
to gather the salty remains.